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Es, sin duda, uno de los más firmes candidatos al título mundial de Moto3. Se quiere despedir de la categoría (ya ha firmado para correr, la próxima temporada, en Moto2), con el título mundial que se le escapó, entre otras cosas, por lesiones, la pasada temporada. El madrileño Jorge Martín (Honda), de 20 años, es líder del Mundial, con 26 puntos más que el italiano Marco Bezzecchi (KTM) y 29 más que su compañero de equipo en el Del Conca GresiniFabio Di Giannantonio. La última proeza de Martín, que ha hecho un montón desde que ganó en Valencia, el pasado año, ha sido acabar cuarto en el Gran Premio de Tailandia con un guante biónico, que fabricó el mismo equipo tras sufrir una neuritis en el nervio radial de su mano izquierda, la del embrague.

Martín, que ha conseguido este año ocho ‘poles positions’, la friolera de cinco ceros y seis victorias (Catar, Austin, Italia, Holanda, Alemania y Aragón), sufrió sorprendente inflamación del nervio cuando se estaba realizando un masaje en el circuito Buriram (Tailandia). El problema consistía en que no podía estirar los dedos de su mano izquierda. Podía doblarlos, es decir, agarrar, accionar, apretar la maneta del embrague pero, a continuación, no podía estirarlos, extender los dedos de su mano por esa atrofia muscular.

“Era imposible pilotar, así que nos planteamos sufrir un nuevo cero en el Mundial pero, de pronto, mi padre se acordó que el piloto japonés Noboru Ueda había sufrido una lesión parecida en los tendones de una mano y le habían fabricado un guante especial, con una especie de gomas o tensores, que le estiraban los dedos hacia arriba”, cuenta Martín a El Periódico de Catalunya. Con esa idea, el equipo italiano de Martín se puso manos a la obra y, liderados por el técnico Massimo Capanna, lograron hacer una auténtica obra de ingeniería “que ha cumplido su función”, según Martin, pues le permitió correr e, incluso, concluir en cuarta posición, manteniendo el liderato del Mundial.

El viacrucis de Jorge Martín

“Me han dicho que me recuperaré a tiempo del Gran Premio de Japón de la próxima semana pero, de momento, hemos guardado el guante por si acaso”, explicó el piloto madrileño. El guante biónico consiste, en efecto, en una serie de tensores que mantienen los dedos forzosamente estirados, de forma y manera que cuando Martín deja de apretar sus dedos, estos se estiran por la acción de esas gomas. “El viernes me lesioné, el sábado me clasifiqué como pude, el domingo pensaba no correr, a mitad de carrera medite hasta abandonar y a medida que fueron cayéndose rivales creí que debía mantenerme en pista aunque sufriese, pues había que sumar los máximos puntos y el guante me ayudaba mucho”.

Lo cierto es que, no solo el ingenioso artilugio, sino el coraje, las ganas, la pasión y el sacrificio de Martín tuvieron su recompensa en la última vuelta, casi en la última curva de la carrera, cuando el italiano Enea Bastianini (Honda) tiró, a escasos metros de la meta, a Bezzecchi (KTM), que tenía el podio, como poco, asegurado, y sufrió su quinto cero, lo que permitió a Martin conseguir 13 puntos más de ventaja sobre el segundo de la general.

El guante biónico de Martín tiene, en efecto, un precedente en el que le construyeron a Ueda, uno de los pilotos más simpáticos de los años 90, residente durante muchos años en España y maestro de otros muchos pilotos de su país. Ueda, en 1995, contó con la ayuda de su marca de equipamiento, Spidi, que, inspirada en las consignas del doctor Claudio Costa, entonces el médico que no se separaba ni a sol ni a sombra de los pilotos, ideó el primer guante biónico con una serie de tensores que ayudaron al piloto japonés a mantener los dedos estirados.

Las explicaciones del doctor Mir

El doctor Javier Mir, uno de los mejores especialistas del mundo de manos, brazos y clavícula y doctor que ha operado a casi todos los pilotos del Mundial una o varias veces, ha comentado a El Periódico que Martín no debería tener problemas para mejorar sensiblemente de su lesión de cara al GP de Japón. “El nervio radial”, cuenta el médico del Institut Quirón-Dexeus, “es un nervio muy delicado, que se puede dañar, inflamar, con mucha facilidad. Está, encima de la muñeca, de forma muy superficial, debajo mismo de la piel, y, a menudo, se daña, se duerme y deja de enviar las órdenes a la mano, es como si el hilo eléctrico dejase de tener corriente”.

En ese sentido, Mir considera que Martín tuvo muy mala suerte a la hora de realizarse el masaje e insiste en que ese nervio es muy sensible. “Existe lo que se llama el ‘síndrome del sábado noche’, que suele ocurrir cuando, tras una noche de fiesta, los jóvenes se duermen en cualquier sitio y de mala manera, echan una cabezadita, apoyando su cabeza sobre el antebrazo y, cuando se despiertan de esa siesta improvisada, tras una fiesta excesiva, no pueden estirar, extender, los dedos de ese brazo porque el nervio radial se ha inflamado”.

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