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Con motivo de los 25 años de Icatme, La Vanguardia ha realizado un reportaje al cabeza visible del instituto. El doctor Eugenio Jimeno, director de Icatme, habla de su recorrido vital y profesional en las páginas del periódico, donde se cuenta la trayectoria de Icatme en las últimas décadas.

 

Aficionado a numerosos deportes, y en especial al parapente, Jimeno narra algunas de sus peripecias sobre la tierra, es decir, en el aire, una excusa para hablar de la vida y la medicina. Amante de la montaña y casado con la medicina, Jimeno es el protagonista de una entrevista en la que Icatme, cómo no, aparece como actor secundario.

Aquí se la ofrecemos:

Entrevista al doctor Eugenio Jimeno en La Vanguardia.

Allí arriba

“La felicidad llega cuando lo que piensas,
lo que dices y lo que haces
están en armonía”
Gandhi

Desde su luminoso despacho en Icatme, el doctor Eugenio Jimeno evoca sus aventuras en las montañas.

No está nada mal. El doctor y la montaña son íntimos amigos.

Eugenio Jimeno explora los montes a pie, con gruesas botas. O con arneses, clavijas y mosquetones. O con el paracaídas del parapente, asunto este último que su mujer, Nati, no lleva nada bien.

–Uy, vaya discusiones –me dice.

–¿Tanto se resiste ella? –le pregunto.

Me responde entre risas:

–Me pasé un tiempo diciéndole: ‘Vente, que es muy sencillo’. Y cuando al fin se animaba a acompañarme, ese día, voy y me la pego.

–¿Cómo dice…?

–Para entonces yo ya tenía experiencia en esto. Salté sin guía. Nadie me dijo hacia dónde me tenía que dirigir. Me hice un lío. En vez de girar contra el viento giré a su favor. Entonces caí a plomo. Me metí entre unos árboles y allí ya no había viento alguno. Caí aún más deprisa y me estrellé contra los árboles. Vaya golpazo en el culo. Pensé que me había roto el sacro. Por suerte no me pasó nada.

–Ahora entiendo a su mujer…

–Convencerla para que me dejara volver allí arriba no fue nada sencillo.

–¿Y a usted no le da miedo?

–Vamos a ver. Los expertos dicen: ‘En el parapente hay dos tipos: los que se han estrellado contra un árbol o los que esperan a estrellarse contra un árbol’. Y la adrenalina que genera esa experiencia, eso no tiene precio.

–Pues no se lo diga a su mujer…

–Llevo un par de años volando. Habré hecho unos 25 vuelos.Y siempre he ido solo. ¿Sabe por qué?

–Diga diga.

–Hasta hace poco pesaba 130 kilos. Nadie podía hacer un tándem conmigo. He perdido treinta kilos en seis meses.

–Caramba… ¿Cómo lo ha hecho?

–Caminando. Y no comiendo. Esa es la mejor manera. Una vez decidí perder peso yendo al gimnasio. Me puse cachas, pero en la montaña no me podía ni mover. Tanto músculo fundió mi resistencia. Caminar sí que me va bien.

Esto sí, lo de caminar sí que lo hace con su señora.

Caminatas de aúpa, por cierto.

Cada viernes la pareja sale de Valldoreix, desayuna ahí al lado, atraviesa Collserola, cruza la carretera de les Aigües, desciende  entre senderos y trialeras y aparece en Sarrià. Luego los dos siguen bajando por la ciudad y comen junto a la Catedral.

(…)

–No me mire así, haga el favor. No es para tanto –me dice.

–¿Cuánto tardan?

–Unas 3h45m. En total son unos 16 kilómetros. A veces también volvemos caminando. Lo que pasa es que el último viernes me hice un lío. Quise ir a buscar el pantano de Vallvidrera porque hacía tiempo que no lo veía. Nos desviamos demasiado y la caminata se alargó…

–Vamos mal…

Se encoge de hombros.

–Siempre me han gustado las motos. Me hubiera gustado tener una Harley. Ahora mi mujer me dice: ‘Si dejas de volar, te dejo que te compres la Harley’. No sé, lo tiene mal. Lo del parapente es extraordinariamente adictivo. Estás allá arriba. Todo es silencio. Estás en armonía con la vela. Cada vez que aterrizo tengo que llamar a mi mujer, de inmediato: ‘Que estoy bien, que estoy bien’, le digo.

–Y sus hijos, ¿no se enganchan?

Tienen tres  hijos.

–Uno de los tres lo ha probado. Pero nada, no ha repetido.

El doctor Jimeno se asoma a la cristalera del despacho.

Por abajo van y vienen pacientes, atravesando el amplio espacio ajardinado. Muchos avanzan rumbo a la cafetería.

Lector, le recomiendo los cruasanes que sirven en ese lugar.

Icatme es el Institut Català de Traumatologia i Medicina Esportiva.

El centro ocupa 1.600 m2 en el hospital Dexeus, en Les Corts. En los últimos años, Icatme ha  crecido como la espuma: el personal empieza a estar apretujado. Por eso, el centro se ha reservado otros 600 m2 en la próxima ampliación de la clínica. La plantilla ya cuenta con 112 empleados. Entre ellos hay médicos de primera línea.

José Luis Doreste, regatista olímpico, dirige el área de medicina deportiva. En el equipo figuran talentos como Xavier Mir (extremidades superiores), Ignacio Ginebreda (fracturas de fémur y tibia), Enric Cáceres (raquis, columna) o Joan Carles Monllau (rodilla).

El doctor Jimeno, que trata fracturas de tobillo y pie y también ortopedia infantil, dirige la sociedad Icatme, que ha cumplido 25 años y ha sido declarada, por tercer año consecutivo, como el mejor servicio de traumatología de España.

–¿Y quién y cómo se concede ese premio? –le pregunto.

Mira la pantalla del ordenador y busca en el blog de la entidad:

–Lo entrega el Instituto de Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada. Lo elabora a partir de una encuesta entre 1.750 profesionales de la salud en España. Sus respuestas se basan en la calidad y el valor de los servicios.

Volvamos a la montaña.

–¿Nunca se ha visto apurado allí arriba? –le pregunto.

–Bueno, una vez la cosa se puso fea. Hará unos quince años, en Ordesa, en la Cueva Helada.

–¿Qué es eso?

–Una bonita cueva de hielo. Ahora ya no es segura, la han vallado. Pero en aquel tiempo aún podías explorarla. El recorrido era largo, más de lo que nos imaginábamos. De vuelta, había que entrar unas clavijas entre las rocas, para poder agarrarse. Nos entretuvimos.

–¿Y…?

–De repente, se apagó la luz.

–Se puso el sol.

–No se veía nada, ni la luna. Y había un despeñadero junto a un camino estrecho. Pensé: ‘Pasaremos la noche al raso’. Y entonces, me iluminé: ‘Llevaba una linterna en el bolsillo’. Ella nos guió.

–Propio de médicos, eso de la linterna en el bolsillo…